Para no perder la costumbre, llego al aeropuerto de Guacimeta con la señal de “Embarcando” ya en los paneles, por lo que apenas tuve tiempo para comprarme mi almuerzo predilecto en el Café Ritazza. Al estar el kiosko de prensa en la otra punta del aeropuerto me quedé con las ganas de comprar el periódico.
En la puerta de embarque había un chico gallego que al parecer tenía algún problema con el dni y su residencia, por lo que le estaban negando la entrada. El chico insistía diciéndo que esta madrugada debía coger un vuelo a Canadá, pero se vé que finalmente no tuvo éxito ya que el avión iba completamente lleno excepto el asiento de emergencia al lado del mío. La verdad es que me dió un poco de pena.
Me pasé casi todo el vuelo a Madrid intentando no dormirme mientras escribía mí (tardía) crónica del Primavera Sound, de la cual apenas pude completar un día.