Si hay algo realmente bueno de un vuelo cargados de turistas es que este con frecuencia no reserva las primeras filas para la clase business, por lo que es muy posible hacerse con esa tan preciada primera fila, sin duda la mejor de (casi) cualquier vuelo nacional.
Así, este sábado tuve la suerte de que me tocase dicha fila sin siquiera yo haberla reservado. Las prisas y el hecho de que me acompañara la pequeña hija de mi primo (que se va a visitar un par de semanas a los abuelos) hizo que se me olvidase pedir asientos en facturación (online check-in sigue sin funcionar en Lanzarote), aunque al final no podría haber salido mejor. Menuda suerte, ya que estaba hecho polvo de una dura semana de trabajo y me apetecía estirar las piernas.
Por lo demás, vuelo sin novedad y sin anécdotas reseñables.